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Hay en el mundo unas 4500 variedades de uvas de las cuales se puede obtener vino. La cepa transmite al vino los
matices de su especie. A la hora de toparse en las vinerías con el Malbec Argentino, el viajero deberá saber que se
trata de la uva insignia de bandera, como lo son el Chardonnay con roble de California, el Pinotage de Sudáfrica, el
Sirah de Australia o el Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda. Argentina es el lugar donde este cepaje encontró
su terruño ideal.
A no ser que sea un entendido, probablemente usted no repare en que, de llevarse un souvenir en la valija, éste
debe ser una botellita de jugoso y frutal Malbec mendocino, o salteño, o patagónico, para dejarse encantar por
la suavidad de sus taninos aún en sus primeros años y la incomparable caricia en la boca (aterciopelado, que le
dicen), previo haberse regodeado con el color intenso de sus tintes violáceos y olfateado el perfume de frutas
rojas y negras como el cassis, las ciruelas pasas, las flores de violeta, entre otros descriptores aromáticos típicos
de la variedad.
"El consumo de este cepaje crece dentro y fuera del país señaló Ana Amitrano, titular de Bodegas Zuccardi,
viña pionera en innovación y exportación . La gran difusión que tuvo como variedad emblema ha despertado
mucha curiosidad en el mundo".
Por algo críticos como los británicos Hugh Johnson y Jancis Robinson lo encontraron extraordinario.
El prestigioso columnista norteamericano Robert Parker, quien señaló a nuestro país como "el lugar donde se dan
los Malbec más refinados del mundo", puntuó al Val de Flores Malbec 2002, producido por Michel Rolland en
Mendoza, con 95 puntos sobre 100 en su revista, The Wine Advocate el pasado mes de mayo de 2004.
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