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"¿Qué saben lo que es tango lamidos y shushetas?", cantaba en los cuarenta Alberto Castillo, dedicado a los pitucos del tango y a los que habían perdido su conciencia de clase popular.
En el dos mil, nadie sabe dar una definición más exacta que ésa para dividir aguas y recapturar cierta esencia del tango, cierto origen que se desvanece en las nieblas del Riachuelo y que parece perdido en los últimos tiempos.
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Pongamos
las cosas en su lugar. El
tango no es sólamente
para niños bien, un souvenir de neoyorquinos
o la postal de un japonés que se
compra un pedazo de historia contenido en
un bandoneón arrumbado en una casa
de Villa Urquiza. El tango es también
la cultura, el espíritu y el dolor
de la ciudad que ha mutado. Por sus calles
no circulan tranvías sino la tremenda
fatalidad de esos fantasmas de la noche
que recogen lo que pueden en sus carritos,
mientras la ciudad duerme.
No es la misma Buenos Aires,
aunque en el fondo se siga creyendo la princesa
del Río de la Plata y la niña
mimada de Europa. Se sabe: Buenos Aires
ya no es tan mimada y cada vez se parece
más a Latinoamérica. Y en
estos años de resurrección
tanguera son pocos los letristas que se
atrevieron a meter el dedo en la llaga del
género para borrar los años
de hipocresía de un tango de Recoleta,
con metáfora impostada y académica.
Aunque es verdad que comienzan a aparecer
cronistas de la ciudad que están
obligando a repensar el género con
nuevas reglas y con otros sonidos. Para
los puristas del tango son ovejas negras.
Para los desprejuiciados, un interesante
modo de escuchar el tango metido en otras
pieles, en otras voces y en otras armonías,
como el caso de la Pequeña Orquesta
Reincidentes, Angela Tullida, Palo Pandolfo
o Romina y Los Urbanos: herederos de ese
papel que ocupó el rock nacional
cuando el tango estaba silenciado.

En la transición a una nueva canción tanguera surgen las leyendas malditas que no se deben nombrar. Juan Vattuone, cantor, compositor de tangos, es uno de ellos. En los años que muchos tangueros se sacaban fotos con el hoy ex presidente Menem en la Casa Rosada, el cantautor Vattuone le dedicaba un tema llamado "Misántropo" ("por su odio a los seres humanos", solía aclarar), o hablaba del "Yuta Lorenzo", un policía picaneador que se moría de amor en los brazos de un travesti. Por estos días, una inquietante poética suburbana sigue circulando en las orillas, en los márgenes, en las zonas oscuras y los límites borrosos entre el Centro y la General Paz. Expresiones más realistas, oscuras y trágicas de una ciudad que vive otros tiempos. Hay que estar atentos y por ahí se podrá escuchar cómo se desangran los adoquines y vuelan algunas pelucas cuando Peche, el cantor del grupo Buenos Aires Negro (letras nuevas del tango y actitud de rock), canta esas elegías crudas y agridulces de una Buenos Aires atormentada, que despierta a la realidad: "Buenos días, a los que ya no están, muertos, vivos, desaparecidos, sobre las calles grises de esta ciudad/ Buenos días a los cristos que van entrando en trenes hacinados con el peine en el bolsillo/ Buenos días a los hijos del mundo y su buena estrella, y a vos que amanecés conmigo en la ventana del micro y nos espera un Retiro ciego y frío".
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